En el seno de nuestra Parroquia, se vivió un momento de gran alegría y misión al enviar a Enrico, Beatriz y su familia a Camboya para sembrar la semilla del Evangelio en tierras sin presencia cristiana. A este acto de fe se une Paqui Allepuz, quien, a los 70 años, parte hacia Taiwán para colaborar en la formación de futuros sacerdotes en el Seminario Redemptoris Mater. Unidos en oración, nos sentimos parte de esta misión, respondiendo al mandato de Cristo de llevar su luz a todos los rincones del mundo. Este envío misionero no solo es un acto de obediencia, sino también una manifestación de la fidelidad a nuestra vocación cristiana, respondiendo al llamado de la Iglesia de ser «luz en medio de las tinieblas».
Este momento marca un hito en la vida de nuestra comunidad, que no solo apoya a los misioneros con su oración, sino también con su amor fraternal, conscientes de que todos somos enviados a ser testigos del Evangelio. La misión no tiene fronteras, y cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestra vocación, está llamado a ser luz, especialmente en aquellos lugares donde el Evangelio aún no ha sido plenamente sembrado.
La obra misionera es un acto de fe que trasciende el tiempo y el espacio, llevando la esperanza de Cristo a las naciones más necesitadas. Desde nuestra Parroquia, elevamos nuestras oraciones por Enrico, Beatriz, Paqui y todos los que responden a este llamado, pidiendo que el Espíritu Santo los guíe y les dé la fuerza para cumplir su misión con alegría y valentía.
La Iglesia continúa su tarea de evangelización, confiando en que, como discípulos de Cristo, somos llamados a ser luz en el mundo, extendiendo su amor y su salvación a cada rincón de la tierra. En este tiempo de preparación y envío, la comunidad parroquial se une más que nunca, afirmando nuestra vocación misionera en el mundo.